Leo en un artículo que en el 2015 la deuda mundial ya supera el 200% del producto interno bruto (PIB) mundial… No soy economista y por tanto no creo en cosas imposibles como el crecimiento exponencial infinito o el dinero que viene del futuro como la chica de Dixan, debe ser por eso que esta noticia me hace pensar que nos están tomando el pelo. Escuchamos cómo los que dirigen el mundo y teorizan sobre el sistema económico nos cuentan cosas que no tienen sentido, miramos a nuestro alrededor y vemos que casi nadie las pone en duda y que el mundo no se hunde del todo, así que las damos por válidas sin hacernos demasiadas preguntas.

Deuda es algo que se le debe a alguien. Básicamente ese alguien te presta algo que tiene y tú se lo tienes que devolver, eso que tienes que devolver es, en teoría, la deuda. Hay otras formas de tener deuda: pierdo una apuesta, compro algo y no lo pago, pero creo que ninguno de estos casos tiene que ver con la deuda de la que hablamos. La deuda es mayoritariamente deuda a los bancos y al sistema financiero, es decir, que un ente o conjunto de entes que no producen nada ni tienen nada le han prestado al mundo más del doble de lo que el mundo produce en un año… ¿De verdad soy yo el único que cree que aquí alguien le está tomando el pelo a alguien?

Un préstamo es cuando tú tienes algo y se lo prestas a alguien. Es mucha la gente que cree que el negocio de los bancos es prestar el dinero que nosotros hemos depositado en él, o que como mucho piden dinero al banco central a un interés y ellos lo represtan a un interés más alto. No funciona así, el banco se inventa la mayor parte del dinero que presta. Se supone que la ley les permite prestar nueve euros por cada euro que tienen en depósito, pero esto es una tontería suprema ya que cualquier préstamo se convierte automáticamente en depósito, sea en el mismo banco o sea en otro. Nadie saca el valor en metálico del préstamo y lo guarda debajo del cojín, lo normal es mantenerlo ingresado en el banco que te ha dado el préstamo o que lo ingrese la persona a la que hayas pagado ese dinero. El hecho es que cada uno de los nueve euros que se puede por ley inventar un banco se convierte por arte de magia en un depósito de dinero real permitiendo prestar nueve más, es decir, que como ha reconocido el Bank of England (Banco de Inglaterra), la capacidad de un banco para inventarse dinero es infinita y sus limitaciones responden a otras premisas que no son las legales. Podemos creer que esto es así porque tiene que ser así, pero… ¿podría ser de otra manera? Quizás. Aunque para responder esto primero deberíamos entender por qué es así. Leer:

The truth is out: money is just an IOU, and the banks are rolling in it por David Graeber1

Money creation in the modern economy por Michael McLeay, Amar Radia and Ryland Thomas of the Bank’s Monetary Analysis Directorate2

(No he sido capaz de encontrar una traducción al castellano de un artículo tan relevante y mi nivel de inglés no me permite hacerla, así, que a ver si alguien se anima).

Cuando me planteé responder a esta pregunta choqué con un inconveniente: la mayor parte de la documentación al respecto viene dada por los mismos que llaman préstamos al dinero que dan los bancos y que, más o menos críticos, han asumido los axiomas actuales sobre la economía. Estaba claro que si recorría caminos que otros habían recorrido sólo llegaría a los lugares que otros han llegado, así que me planteé usar la deducción y la imaginación para desentrañar la respuesta haciendo un esfuerzo para pensar diferente. Las conclusiones a las que he llegado me han sorprendido, así que voy a intentar compartir con todos el proceso que he seguido hasta llegar a ellas.

Me gustan los problemas de lógica, aunque hay un momento en que lo que de verdad cuesta más es encontrar uno original. Hay un tipo de problemas que son de resolución sencilla, pero que tienen un enunciado engañoso que te hace llegar a conclusiones equivocadas. Creo que la razón por lo que algo tan obvio no se plantea es que, al igual que en esos problemas, se parte de un enunciado falso que se ha ido construyendo a lo largo de muchos años y sobre el que se ha edificado todo el conocimiento económico. Como ese conocimiento ha fomentado una clase social poderosa y el edificio no se ha caído, nunca se ha puesto en duda. Pero aunque el edificio no se ha caído, es un edificio inestable, que tiembla constantemente y con muchos derrumbes parciales donde las personas son en su mayoría infelices. Sobre esas bases erróneas se va amontonando una sociedad que no dejará de crecer hasta el momento en que todo se desmorone, para lo que no debe faltar mucho.

Siempre para resolver un problema lo principal es deducir la pregunta más elemental primero y no dar por sentada una respuesta ya comúnmente aceptada. Es importante empezar desde el principio, por obvio que parezca.

Las preguntas más básicas que encontré fueron estas: ¿qué es la riqueza? y ¿qué es el dinero? y a partir de ahí vamos a ir avanzando.

 

¿Qué es la riqueza?

La respuesta rápida sería el dinero, pero eso es absurdo. El dinero por si solo no serviría de nada si no pudiera comprar nada, por tanto la riqueza debe ser lo comprable, pero eso tampoco es riqueza, o al menos no sólo eso es riqueza. Después de pensarlo mucho he llegado a la conclusión de que riqueza es todo aquello cuyo deseo tiene la virtud de activar las capacidades humanas. Es lo que nos motiva a levantarnos por las mañanas, el deseo de conseguir algo o el deseo de conservarlo. Todos esos «algos» que nos mueven, desde respirar, hasta tener un jet privado, pasando por enamorarse, tener un hijo, escuchar una canción, jugar con un amigo, llenar la nevera, un diamante, etc. forman la riqueza.

Es importante entender que a medida que se va haciendo complejo el tejido de la sociedad humana la riqueza crece. La cantidad de cosas que podía desear un hombre del paleolítico era infinitesimal comparada con las que hoy puede desear un ciudadano común. También es importante recalcar que muchos de los deseos no son conscientes porque para tomar conciencia de ellos hemos de notar su falta. Uno no desea respirar hasta que se ahoga, pero entonces lo desea más que cualquier otra cosa en el mundo.

¿Qué es entonces el dinero?

De toda la riqueza que existe una parte es intercambiable y convertible en dinero, es por tanto una riqueza medible con la que se puede operar matemáticamente y de la que básicamente se ocupa la economía. A esa riqueza la voy a llamar riqueza m (monetizable). La comprensión del dinero siempre ha tenido una explicación parcial y sesgada. Es, desde mi punto de vista, un claro ejemplo de cuando los árboles no te dejan ver el bosque.

Lo fácil es pensar que el dinero simboliza riqueza, que lo de llevar conejos en el bolsillo para cambiarlos por otras cosas en el mercado generaba muchas incomodidades así que alguien inventó un traductor de bienes universal llamado dinero. A todas las cosas que se encontraban dentro de lo que es riqueza m se les asignó un valor en dinero y eso le facilitó mucho las cosas a todo el mundo. Pero lo que se obvia en esta explicación es el mecanismo automático por el que se asigna ese valor.

Uno puede tener la sensación de que este proceso tiene lugar de manera individualizada, que es el que vende el que decide en función de la oferta y la demanda cuál es el precio de un conejo, pero en realidad eso es tan sólo una parte de un proceso de stigmergy3 que ocurre a nivel global, donde influyen sobre todo dos factores: cuánta riqueza m hay y cuánto dinero hay.

Todo el dinero existente debería coincidir con el valor de toda la riqueza m, o dicho de otra manera, todo el dinero debería poder comprar justo toda la riqueza. Si sobrara dinero después de esto, éste no tendría ningún valor. La sociedad de manera automática se regula al respecto, no es muy difícil de observar. El dinero está formado por monedas, teniendo en cuenta lo anterior diríamos que el valor de una moneda sería el resultado de dividir toda la riqueza m entre todas las monedas. Este matiz es muy importante ya que considera el valor de cada moneda como una fracción y no como un entero.

El mundo está dividido en una infinidad de monedas que tienen comportamientos divergentes fruto de políticas locales y comportamientos especulativos, uno de esos árboles que nos impide ver el bosque. Nos habrán contado que el valor de una moneda viene dado por la ley de la oferta y la demanda en el mercado de divisas, cosa que casualmente vuelve a dar el poder a los que no producen nada, el mundo financiero. Eso, aunque influye, nos aleja de la realidad.

En el mundo globalizado en el que vivimos sólo hay un sistema monetario, y no es el dólar. Todas las monedas tienen asignado un valor en otras monedas, así podemos decir que un euro son 100 céntimos, 2800 pesos o 0,80 dólares, etc. Echo mucho de menos, al pensar sobre esto, una moneda virtual no comprable, pero que tuviera un valor de conversión a cualquier moneda, que sirviera como baremo de la economía mundial. A un ruso muy rico le da por cambiar todos sus rublos por soles y el rublo baja pero el sol sube, hay una traslación de valor, pero el valor total se mantiene, por eso pienso que sería muy necesaria una moneda virtual que no pudiera ser comprada, pero sí calculada, que nos diera una idea de ese valor total. A esa moneda yo la llamaré «polardo», y no solo es virtual, sino que es ficticia, ya que no tengo herramientas para calcular su valor. Debería sin embargo ser una moneda de valor alto, del orden de un «polardo» igual a mil millones de dólares. Su función sería la comprensión general de la economía más allá de las fluctuaciones fruto de políticas locales y movimientos especulativos del mercado.

Como he dicho antes, todo el dinero debería poder comprar toda la riqueza m. Si sobrara dinero, éste no tendría ningún valor, y si faltara, la riqueza m no se podría comprar. Así, creo, el dinero en circulación se distribuye automáticamente entre la riqueza comprable de la misma manera que el agua se distribuye en un estanque entre la superficie que puede ocupar. De eso podríamos deducir que el valor de un «polardo» sería igual a toda la riqueza m dividida entre el número de «polardos». Eso convierte el valor de un «polardo» en una fracción y no en un entero. Y es aquí donde está el quid de la cuestión, este matiz altera totalmente la forma de pensar la economía.

Para entender cómo altera este detalle toda la reflexión sobre el dinero, voy a simplificarlo todo a una sociedad pequeña de pasteleros, donde la única riqueza que hay es el pastel. Los pasteleros cada día se levantan y trabajan para hacer un gran pastel. Hay cien pasteleros y cada uno posee una parte de éste, todos la misma. Para que conste cuánta parte tiene cada uno y así poder cambiarse los trozos de pastel sin necesidad de llevar pastel en el bolsillo, los pasteleros inventan una moneda que equivale a su parte del pastel y reparten diez hermosas monedas a cada uno. Hay entonces mil monedas en mundo pastel. Ahora voy a cuantificar el pastel, cosa que es imposible de hacer en el mundo real, ya que la riqueza no es sólo pastel, sino que es de una diversidad tan infinita que la única manera de cuantificarla es monetizarla y, teniendo en cuenta que lo que estamos analizando es la relación cambiante del equivalente entre dinero y riqueza, no nos sirve. Aquí echo de menos de nuevo una manera de calcular la riqueza real que no sea el dinero, algo así como la unidad de riqueza. En la metáfora que nos ocupa podríamos hablar de kilogramos de pastel como equivalente a las unidades de riqueza. El pastel pesa mil kilogramos, así que si hay mil monedas, el valor de una moneda sería 1000 kg / 1000 monedas, es decir, un kilogramo de pastel vale una moneda.

Bien, ahora imaginemos que alguien fabrica mil monedas más. Los pasteleros se levantan felices, cuentan sus monedas, ven que todavía hay diez y salen a la calle seguros de que son igual de ricos que ayer… pero no. Hoy hay dos mil monedas en mundo pastel, de tal manera que si el valor de una moneda es igual a los mil kilogramos de pastel dividido entre las dos mil monedas hoy existentes, resulta que el valor de una moneda es de quinientos gramos de pastel, la mitad que ayer. A los pasteleros de mundo pastel les han birlado la mitad de su riqueza y no se han enterado. No se han enterado, pero lo van a notar, porque cuando quieran comprar el trozo de pastel que ayer les costaba una moneda, hoy les va a costar dos.

El mundo real es mucho más complejo que esto, pero con este ejemplo podemos ver que el hecho de que la emisión de dinero genere inflación no sólo se da por el aumento de oferta en el mercado de divisas. Si tuviéramos una moneda de control como el «polardo» o pudiéramos cuantificar la riqueza de forma independiente al dinero, estoy seguro que lo que acabo de contar se haría muy obvio. Pero es que el mundo de la economía es un mundo oscuro, ensuciado por los intereses y la política.

Lo que os acabo de describir es una foto fija de algo que está moviéndose a gran velocidad. La sociedad y su riqueza crecen y, por tanto, volviendo a mundo pastel , si no se emitieran monedas nuevas el valor de las monedas que cada uno posee aumentaría. Si el pastel gracias al trabajo de todos los pasteleros ha pasado de pesar mil kilogramos a pesar dos mil, las monedas que tiene cada pastelero habrían aumentado de valor. Dos mil kilogramos / mil monedas equivale a que cada moneda ahora vale dos kilogramos de pastel. En este caso los pasteleros se levantarían y después de contar sus diez hermosas monedas creerían que son igual de ricos que ayer, pero al salir a la calle descubrirían con agrado que lo que ayer les costaba una moneda hoy les cuesta media.

Ahora bien, supongamos que el pastelero que hace las monedas emite sólo las monedas necesarias para mantener el valor de un kilogramo de pastel por una moneda, así a medida que crece el pastel, éste se va enriqueciendo con todo el extra de pastel que se produce sin que ningún otro pastelero se percate, ya que su moneda sigue valiendo lo que valía ayer.

Mundo pastel es un lugar muy simple comparado con el mundo real. En una sociedad tan grande y compleja como la nuestra saber cuánto dinero exactamente se puede crear es muy difícil. Un gobierno hoy no tiene herramientas para saber exactamente cuánta riqueza nueva se ha creado para poder calcular cuánta moneda se puede crear. La creación de riqueza junto con la creación de dinero es lo que abordaré a partir de ahora.

La creación de riqueza

Cuanto más vueltas le doy, más me doy cuenta del poco sentido que tiene la economía tal como nos la han explicado hasta ahora. El hecho de considerar el dinero como núcleo conceptual de la riqueza genera muchos errores. Es como si intentáramos juzgar el mundo sólo teniendo en cuenta las propiedades de las sombras que las cosas producen. El dinero no es casi nunca una forma de medir fiable de casi nada. La ciencia, en su intento de comprender el universo lo primero que hizo fue dotarse de elementos de medida. Lo podemos medir todo, de cada cosa sabemos el espacio que ocupa en metros cúbicos o la superficie en metros cuadrados; sabemos el peso, la masa, la densidad, la valencia, su composición, su espectro cromático, su conductividad y muchas medidas más, cada una expresada en su propia unidad de medida. En economía parece que lo único que sabemos de algo es cuánto dinero vale, o cuánto dinero ha costado, cuánto dinero nos dará, cuánto más dinero hemos de devolver, etc., muchas variables, pero siempre en dinero o sobre el dinero.

Para que entendamos lo absurdo de la situación: pongamos un caso en el que en un pueblo hay una fuente natural con un agua buenísima con propiedades curativas. Los vecinos siempre se han abastecido de ella y gracias a eso todos en el pueblo tienen una salud de hierro. Cuando alguien cuente la riqueza de ese pueblo, la existencia de esa fuente no contará para nada, pero un día un alcalde privatiza la fuente y le da la concesión a una empresa. La empresa cierra el acceso a la fuente y embotella el agua para venderla a 10 euros cada botella. Ahora los vecinos del pueblo se tienen que gastar cientos de euros cada año en el agua que antes era gratis, sin embargo, los cálculos de riqueza ahora sí contarán con la fuente como si ésta produjera miles de euros de riqueza extra.

Un país ha construido durante siglos una red de infraestructuras públicas buenísima. Sus ciudadanos se desplazan fácilmente gracias a una red de autovías y carreteras; la sanidad es universal y todos los habitantes tienen un hospital perfectamente equipado a menos de media hora de su casa; la educación pública ha permitido una sociedad culta y bien formada; la ley proporciona una seguridad jurídica, etc., pero en el país vecino, que no tiene nada de esto, han encontrado una mina de diamantes y resulta que el producto interior bruto es muy superior, resulta que, pese a tener a la mitad del país en la indigencia, un tanto por ciento muy alto de analfabetismo y las infraestructuras públicas al nivel de la edad media, es un país mucho más rico que el otro.

Incluso esas ciencias económicas que se hacen con objetivos sociales siguen teniendo al dinero como fuente de todo conocimiento. Un ejemplo: el índice de Gini, que sirve para medir la desigualdad en un país y que tiene un claro objetivo social. Imaginad un país donde toda la población es indígena y vive en la naturaleza y de la naturaleza. Son comunidades que no usan el dinero, sin embargo lo comparten todo y han alcanzado un nivel de vida y una tasa de felicidad envidiables. Un día, alguien tira un euro desde un avión que pasaba por el cielo y éste es encontrado por un niño de seis años. Según el coeficiente de Gini, ese sería el país más desigual del planeta, con un coeficiente 1, y ese niño de seis años la persona más rica y la que posee toda la riqueza del país. Él, como es lógico, no lo sabría y guardaría ese euro en una bolsa junto al cadáver de un escarabajo dorado, una concha con dibujos en forma de estrella y un montón más de cosas raras e inservibles que se ha encontrado.

No quiero decir ni de lejos que el dinero no sea importante para entender la economía del mundo, pero está claro que por sí solo no ofrece una imagen clara, ni de lejos, de la riqueza, ni siquiera de la riqueza m.

Por eso yo voy a tratar la riqueza en cuanto a la cantidad de bienes que produce una sociedad y no en cuanto a su valor en dinero. Entiendo un bien como aquello cuyo deseo tiene la posibilidad de activar nuestras capacidades, por tanto también considero los bienes como un conjunto que puede ser desde la sonrisa de tu hijo o el sol una mañana de invierno hasta una barra de pan o un diamante, sólo que a estos últimos, como anteriormente ya hice, los llamaré bienes m (monetarizables).

Ahora voy a tratar de la riqueza m. En nuestra sociedad el tiempo consume riqueza, sea por el deterioro de lo construido o sea por el consumo humano. Por tanto, es importante para nosotros crearla constantemente para mantener unos niveles.

Toda la riqueza es siempre el resultado del trabajo humano como activador de tecnología. Por mucho que apriete un humano, si no ejerce su capacidad para activar una tecnología, no produce nada. Entiendo que la tecnología es la puesta en práctica de un conocimiento o conjunto de conocimientos, sea coger un martillo, cantar una canción, o manejar un súper computador.

Toda la actividad humana viene de ejercer con el cuerpo todo un conjunto de comportamientos aprendidos desde el día que nacimos. El hombre es probablemente el animal que nace sabiendo menos y con la capacidad de aprender más. Pero hay una cualidad todavía más importante: los humanos tienen la capacidad de usar a través de la tecnología los conocimientos de otros sin necesidad de haberlos aprendido. En nuestro diario los ejemplos están por todas partes: desde la cama en la que dormimos, la casa que nos cobija, la ropa que llevamos… en cada momento estamos haciendo uso de una cantidad ingente de conocimientos que no tenemos. En cada producto se aglutina el conocimiento aprendido de cientos de personas sin el cual ese producto no sería posible y que nosotros no tenemos, pero usamos.

Es común señalar el trabajo humano como generador de riqueza, pero éste por sí solo no produce nada, la verdadera fuerza de éste viene en la activación de una tecnología y de un conocimiento. Es por eso que cuanto más avanza el conocimiento, más capacidad de crear riqueza tiene el trabajo humano.

Hace tiempo leí que la humanidad necesitó cuatrocientos años para multiplicar por dos el conocimiento que existía en el renacimiento, pero que en estos momentos el crecimiento del conocimiento humano se estaba multiplicando por dos cada cuatro años, aunque hace muy poco ya leí que esa tasa ya estaba en el doble cada dos años. Entender este dato, junto a la idea de que a más conocimiento más creación de riqueza, es crucial para entender junto a otras cosas por qué la creación tan descomunal que se está haciendo de dinero en el sistema financiero no arruina por completo la sociedad. Aunque con eso sólo no bastaría, es necesario además tener en cuenta otro factor.

Los humanos somos ante todo una sociedad. Nuestro nivel de interrelación es absoluto, no sólo porque tenemos la capacidad de activar el conocimiento de otros a través de la tecnología, sino porque nos activamos y desarrollamos directamente en colaboración con los demás. Para que esta colaboración se dé es muy importante la confianza, sin confianza la sociedad se paraliza y no se puede crear riqueza.

Supongamos que en una sociedad sin dinero existe una chica que se llama María que se dedica a criar conejos que cambia en el mercado por otras cosas que necesita. Los tiene en una cueva para que no se escapen, pero la cueva se le ha hecho pequeña, ya ha alcanzado el máximo de conejos que puede albergar, que son ochenta. Sabe que en el pueblo hay un constructor que le podría construir un cobertizo donde cabrían ochenta conejos más. El hombre, que se llama José, le dice a la chica que se lo construye a cambio de ochenta conejos.

Ahí hay un problema. Si María le da ochenta conejos, se queda sin conejos que criar y entonces, ¿para qué querría el cobertizo? Y, por otro lado, ¿qué caray hace José con ochenta conejos en su casa? La cosa se paralizaría aquí si no fuera por la confianza. José construirá el cobertizo y María le dará un conejo cada semana durante ochenta semanas, pero para eso la confianza es imprescindible. En el mundo actual la confianza no se basa en la fama como podía pasar en la sociedad de José y María, sino que es un valor que han capitalizado los bancos con la ayuda de los estados y las leyes.

En las sociedades rurales la palabra de una persona era su mayor tesoro. Un hombre sin palabra o que no diera confianza a los demás no podía hacer negocios, la palabra dada era ley y faltar a ella era la exclusión social. Pero hablamos de mundos pequeños donde todos saben de todos. Hoy nadie confía ya en nadie. ¿Por qué? Porque no es necesario. Son las entidades bancarias o financieras las que aportan la confianza a la sociedad. Si María viviese en este mundo, José no tendría por qué confiar en ella, lo tendría que hacer un banco. Éste le daría el dinero para el cobertizo en base a la confianza que tuviera en ella y su negocio y ella le pagaría el dinero a José en una sola vez. Es decir, una gran parte de la confianza necesaria para el funcionamiento social está en manos del sistema financiero.

Antes decía que el hombre es un animal extremadamente social. Cada individuo no existe si no es en relación a los que le envuelven. Nadie puede ser feliz sin ser considerado por los otros, necesita existir, encontrar su lugar y sobre todo ser útil y ser valorado por ello. En las sociedades pequeñas esto por si solo podía hacerlas funcionar. El trueque seguramente funcionaba cuando una tribu se cruzaba con otra, pero de la tribu para adentro existía muy probablemente una economía del procomún. Todos los cazadores pugnaban por ser ellos los que aportaban la mejor pieza al grupo y así eran más valorados por los demás. Seguramente había tareas más desagradables que nadie quería hacer, pero alguien las hacía empujado por el colectivo y, otra vez, la necesidad de ser aceptado.

La llegada de sociedades más grandes y más complejas lo cambió todo. Si antes la supervivencia dependía de la colaboración con los demás miembros de la comunidad ahora esta supervivencia depende de personas que no conoces, o como mínimo, con las que no tienes lazos suficientemente fuertes como para trabajar por ellos pensando en el procomún. El dinero se convierte en el medio de supervivencia, la única manera de obtener lo necesario para seguir viviendo. De ahí, y con razón, dado que es la diferencia entre la vida y la muerte, el dinero se convierte en el valor más importante de la sociedad, hasta tal punto que más allá de procurar supervivencia, seguridad y comodidades es uno de los principales indicadores de la relevancia social. Hoy, el que tiene más dinero sería el equivalente al que en la tribu conseguía la pieza más codiciada.

Así, el dinero es en nuestra sociedad el principal carburante, lo que la pone en movimiento y lo que produce riqueza m. Pero cuidado, no es el dinero por sí mismo lo que nos activa, es su movimiento. Podemos imaginarlo como si el dinero fuera aire y la sociedad un molino. No sería el aire por sí mismo el que haría girar sus aspas, sería el aire en movimiento, el viento, lo que las movería. Para que me entendáis, imaginad que mañana, de repente, nadie quisiera gastar dinero y pese a tenerlo en abundancia nadie lo usara, sólo lo atesorara. No comprara nada, nadie le pagara nada a nadie… la sociedad se detendría, ya no se crearía nada y todo se deterioraría a gran velocidad, porque el dinero quieto no sirve de nada, no hace nada. Como antes, aquí también echo de menos una unidad de medida de la velocidad del dinero en la sociedad y un mapa, parecido a los mapas del tiempo, donde pudiera seguir los flujos de dinero, por dónde se mueven y a qué velocidad lo hacen.

Hay que apuntar que no es el dinero lo único que tiene la capacidad de movilizar una sociedad: la fuerza, la religión, el miedo o el patriotismo también la tienen a nivel macro, y a nivel micro hay también miles de carburantes que pueden hacernos mover y trabajar por algo y que no son el dinero, pero sin duda, pese a que el miedo y el patriotismo puedan, de manera puntual, mover el mundo entero de forma frenética durante los años que puede durar una guerra mundial, por ejemplo, o que la fuerza y el patriotismo puedan poner a trabajar un país entero en un régimen dictatorial, es el dinero la estrella indiscutible de los carburantes sociales.

Y es aquí donde los bancos entran en acción y convierten confianza en dinero a través de los mal llamados préstamos, que no son más que creación de dinero respaldado por la confianza en la creación de riqueza. Para entendernos, tú quieres construir una casa, es decir vas a aumentar la riqueza de esa sociedad, el banco creará una cantidad de dinero que viene respaldada por una casa que no existe, pero con la confianza de que va a existir. Ese dinero por sí solo sería inflacionista, ya que aumentas la cantidad de monedas, pero como ese aumento va parejo a una creación de riqueza, el valor global de la moneda se mantiene.

¿Te acuerdas de cuando te contaba que si alguien fuera lo suficientemente listo para crear las monedas siempre en función de la riqueza que se crea podría enriquecerse eternamente gracias a ti sin que tú jamás te dieras cuenta? Pues esta es la manera de hacerlo. El banco te da a ti un dinero ficticio sólo respaldado por la confianza y tú le devuelves al banco un dinero real, respaldado por una casa que has construido… no sé, a mí esto me parece un timo, ya que el banco se está quedando con la mayor parte de nuestra riqueza. No nos dejemos engañar por el hecho de que esa riqueza no se contabilice como beneficio ni reparta dividendos, es una riqueza que existe, que está en su poder y que irá y se moverá donde ellos decidan. El sistema bancario es una historia muy compleja que merece ser contada en otro momento.

¿Pero qué hace el banco con todo ese dinero que se ha inventado? Lo convierte en inversión, pero una inversión muy peligrosa. Todo ese dinero fluye directamente al sistema financiero. En principio, la idea de que unas empresas consigan dinero para crear más riqueza a partir de vender trocitos de la propia empresa es buena, pero lo que ha sucedido realmente es terrorífico. Uno puede pensar que, como decía antes, lo de tener el dinero quieto es muy malo para la economía y que por tanto esa hiperactividad monetaria de los bancos en que no puede haber un euro quieto es buena, pero lo que ha sucedido con el sistema financiero es que se ha convertido en una especie de tornado que succiona todo el dinero que viene del superávit tecnológico y de la creación de dinero de los bancos y lo mete en un remolino que gira a una velocidad absurda dentro de un espacio muy pequeño, de tal manera que tienes un pequeño reducto con un poder devastador en el que se mueve la mayoría del dinero a una velocidad descomunal entre unos pocos actores y en un círculo muy cerrado, y otro espacio donde habitamos la mayoría en absoluta calma chicha.

Los economistas diferencian el dinero en diferentes tipos: m0, m1, m2 y m3. Pero para mí sólo existe un dinero, un euro es un euro en tanto puede comprar cualquier cosa que cueste un euro, y tanto el m0 y m1 como el m2 o el m3 pueden cumplir esa función. En los tipos de dinero se tiene en cuenta la disponibilidad de éste, pero volvemos al pensamiento precipitado, que tengas tus euros en un fondo de pensiones intocable hasta dentro de veinte años es algo que te afecta a ti, pero no a tu dinero, que no está en una caja mágica encerrado hasta que la abras en el futuro, sino trabajando y moviéndose a gran velocidad en el remolino del mundo financiero, es decir, que ese dinero intocable a veinte años en realidad le está pagando la hamburguesa a un recepcionista de Silicon Valley.

Escucho en una conferencia que sólo el 3% del dinero está impreso… permitidme que dude de este dato, no porque tenga otro, sino porque dudo que alguien tenga una cifra real y exacta del dinero que existe en el mundo. Aunque seguro que hay cálculos, dado que el sistema bancario está totalmente globalizado y que gran parte de los flujos financieros se mueven a través de paraísos fiscales absolutamente opacos, es muy difícil obtener esa cifra.

No todo es malo, una parte de este dinero se mueve hacia la bolsa en forma de capital que engorda a las grandes empresas, gracias a este dinero se pueden emprender grandes proyectos. Sería muy difícil construir un súper transatlántico de lujo sin una acumulación enorme de capital, otra cosa es si en realidad necesitamos un súper transatlántico de lujo, y he aquí el gran problema de un sistema que crea riqueza sin ningún tipo de control. Es mucho poder en manos de un ente movido sólo por el resultado de la suma de una infinidad de avaricias que rinden beneficios a corto plazo. No hay tal cosa como humanidad, es una especie de máquina caótica que, aunque funciona en base a unas leyes bastante simples, en la suma de sus acciones tiene un comportamiento caótico, impredecible y sumamente destructivo.

Lo peor del caso es que todo el sistema productivo es hoy por hoy adicto al dinero que fluye del sistema financiero, que además es un dinero inventado y prestado que ha sido validado por la misma sociedad a la que tiene cautiva. Creo que el gran problema es que que el sistema productivo ha tocado techo. No quiero decir con eso que no haya espacio para el crecimiento, pero digamos que ya no hay tanto. O mejor dicho, tal como funciona este sistema ya no hay tanto. La búsqueda del beneficio inmediato; la necesidad de rentabilizar tanto capital en circulación y la evolución tecnológica nos llevan a un escenario donde las empresas tienden a producir más de lo que se necesitan.

¿Recordáis qué os he dicho que era para mí la riqueza? Todo aquello cuyo deseo tiene la capacidad de activar las capacidades humanas. La necesidad de tener una lavadora puede hacernos levantar por la mañana, pero no la necesidad de tener dos lavadoras. Una lavadora sólo es un bien (riqueza) en tanto es deseado por alguien. Si una sociedad produce más lavadoras de las que necesita, una cantidad de esas lavadoras no son riqueza, no sólo eso, su producción consume unos recursos que sí lo son, resultando en una disminución de la riqueza total. Pero lo más grave es que en la práctica no sucede que las lavadoras extra tienen un valor cero, sino que revierte en la desvalorización de todas las demás, pudiendo suceder que éstas se desvaloricen por debajo de su precio de producción. Lo normal es que antes de que esto suceda alguien se asuste y salte sobre el botón de stop de la fábrica.

Tenéis que comprender que aunque las empresas se perciban como algo individual son todas producto de un tejido empresarial muy complejo y extenso. Un frenazo de unas cuantas empresas importantes puede producir una reacción en cadena que pare todo el tejido productivo. Es como cuando hay tráfico intenso y alguien frena en seco y arranca. Eso, dos kilómetros más atrás, resulta en un atasco de horas.

Pero en nuestra sociedad la cosa es mucho más grave. Culturalmente llevamos diez mil años inmersos en la cultura del empleo. Toda nuestra educación, y en consecuencia todas nuestras políticas, van dirigidas a mantener a todo el mundo trabajando, es decir, produciendo. El dinero es la base de toda la supervivencia humana y el dinero en nuestra sociedad se obtiene básicamente o por rendimientos del capital o trabajando. Los que tienen capital normalmente no se ven afectados por estos frenazos, ya que el capital, a parte de tener una capacidad productiva, también puede amortiguar estos altibajos, pero para los que obtienen su renta (supervivencia) del trabajo, los parones de producción los expulsan literalmente de la sociedad.

Es decir, una sobreproducción de lavadoras no sólo obliga a un parón de la producción para igualarla a la necesidad social, con todas sus consecuencias, sino que reduce la sociedad capacitada para adquirir una lavadora, es decir la demanda social de lavadoras. Y esto va a ir a peor.

Como hemos dicho, el trabajo humano lo es en cuanto activador de una tecnología, cuanto más avanzada es una tecnología más riqueza produce el trabajo humano, sin embargo, la tecnología en nuestro tiempo es muy cara. Podemos imaginarnos a un informático con un ordenador de última generación, es caro, pero ni de lejos lo que cuesta una fábrica de cualquier cosa. Para producir riqueza son necesarios el trabajo humano y el capital para adquirir la tecnología necesaria para realizarlo, pero cada vez más el capital va ganando importancia frente al trabajo. Con el capital se puede adquirir la tecnología necesaria para prescindir del trabajo humano. La tecnología permite que podamos producir más con menos personas. Antiguamente, cuando el techo de producción estaba todavía lejos, los trabajadores liberados eran absorbidos rápidamente en la producción de nuevos productos o servicios. Hoy la velocidad del crecimiento tecnológico no da tiempo a los trabajadores a readaptarse, quedando excluidos del sistema, empequeñeciendo el mercado y por tanto obligando a frenar más la producción.

La balanza se ha desequilibrado ya totalmente. La riqueza que produce el capital que puede comprar tecnología ya supera con creces la del humano que la activa. Lo razonable sería que si es el trabajador el que activa la tecnología, la riqueza que éste produce revertiera igualmente sobre él. Las cosas desafortunadamente siguen los caminos lógicos y no los justos. Los trabajadores venden su tiempo y esto desvincula su sueldo de la producción que realizan. Hay una ley que vale para todos los mercados: paga lo menos posible y cobra lo más posible. Las personas venden la misma cantidad de tiempo hoy que hace un año, por tanto no ven que su tiempo tenga que valer mucho más, sin embargo, hoy en el mismo tiempo producen casi el doble. La nueva riqueza, ese superávit tecnológico fluye sólo en una dirección, hacia arriba.

Recapitulemos: tenemos a unos entes privados con ánimo de lucro creando una cantidad de dinero ingente avalado por la riqueza que nosotros creamos gracias a la evolución tecnológica y que al final se quedan ellos. Este dinero fluye hacia el sistema financiero, que lo invierte en la compra de activos de grandes compañías. El dinero fluye cambiando de una compañía a otra a mucha velocidad. Esto presiona a las compañías a aumentar los beneficios a corto plazo, ya que muchas de ellas viven más de este dinero que del que producen realmente, esto provoca una presión brutal sobre la producción. Súmale que todas las políticas estatales están orientadas a la creación de empleo, es decir, a mantener a todo el mundo produciendo, y por tanto ejerciendo todavía más presión sobre la producción, y ya tienes una crisis por sobreproducción.

Cuanto más avanza la tecnología más renta produce el capital y menos el tiempo de trabajo. Esto es un círculo vicioso, ya que si cuanto más tienes más ganas, cuanto más ganas más tienes, concentrando cada vez más riqueza en menos manos. Esto echa a muchas personas del mercado, haciéndolo más pequeño y disminuyendo la demanda, generando más sobreproducción. Dicho en plata, para que nos entendamos, esto, tal como están las cosas, no va a cambiar, en realidad lo más lógico sería que empeorara.

Es posible que en algún momento entremos en un periodo corto de bonanza, pero no creo que sea muy largo. Un atasco se produce por una excesiva presión automovilística sobre las carreteras, igual que esta crisis viene debida a una excesiva presión productiva sobre la sociedad, y como en un atasco, pese a estar parados, de vez en cuando se vaciará un espacio ante nosotros dándonos la sensación de que todo se ha solucionado, pero al menos en nuestro caso, pronto volveremos a detenernos. En una autopista, el atasco lo ocasiona una situación puntual, millones de coches quieren volver a casa al mismo tiempo, cada coche que lo consigue alivia la presión sobre la carretera. Pero en la sociedad, cada empresa que cierra, cada trabajador que se queda sin trabajo se lleva un trozo de carretera consigo haciéndola más pequeña y por tanto la presión no disminuye, casi que aumenta.

Si la teoría de que hemos alcanzado el techo de producción es cierta, lo normal sería que al chocar contra el techo la sociedad se desmorone y caiga por debajo de ese techo dando espacio a volver a crecer. Poco a poco, todo debería irse estabilizando hasta llegar a un momento en que se vuelva a crecer para llegar a estrellarse con ese techo otra vez. Es posible que la sociedad vaya aprendiendo y empiece a crecer de otra manera elevando un poco el techo de producción, pero si no cambian las circunstancias nos volveremos a estrellar contra él irremediablemente.

Cualquiera diría, con todo lo que he contado, que soy un pesimista, pero no gastaría mi tiempo escribiendo esto si pensara que no tiene solución. Uno podría, a partir de ahora, ponerse a elucubrar el sistema perfecto y explicaros cómo deberían ser las cosas, pero eso no sería una solución, sería un sueño. Una solución no es imaginar el lugar a donde quieres ir, una solución es encontrar el camino.

Lo primero que hay que entender para comenzar a buscar una solución es que nadie tiene verdadero poder sobre el capital. No existe tal cosa como un club de mentes crueles que se juntan en una mansión apartada y dirigen el mundo hacia su destrucción. Sí que hay, por supuesto, clubs de mentes crueles que se juntan en mansiones apartadas y se creen que dirigen el mundo, pero en realidad lo que hacen es tomar decisiones en función de la lógica del beneficio inmediato que les impone el propio sistema. Aunque sean los títeres que están más altos, no dejan de ser unos títeres manejados por una maquinaria infernal, sin emociones y sin humanidad.

Lo segundo que hay que entender es que esta crisis tiene dos vertientes: una económica y otra humanitaria. La económica tiene una difícil solución, pero la tiene… creo; la humanitaria sólo requiere voluntad política y una evolución cultural a nuevos paradigmas, y solucionarla es, en sí, una parte de la solución económica. Tenemos que pensar que lo que llamamos crisis no tiene nada que ver con las crisis del pasado, no existe hoy ningún tipo de carencia social, hay de todo y de sobras para todos. Nunca nuestra sociedad ha sido tan rica, sin embargo, millones de personas viven en la precariedad expulsados del sistema. No tiene sentido. Si existe la riqueza para rescatar a todos estos excluidos, no hacerlo es un acto de bajeza moral, iba a decir sin precedentes, pero desgraciadamente la humanidad tiene su historia llena de bajezas morales, aunque dada la población actual del planeta, esta bajeza en concreto afecta a más personas que cualquier otra bajeza que se haya cometido nunca. La población en situación de extrema pobreza hoy supera, por ejemplo, a toda la población que se vio involucrada en la Segunda Guerra Mundial.

Desde un punto de vista económico, la solución humanitaria es también una necesidad. Nuestros gobiernos han puesto en marcha muchas políticas destinadas a evitar los excedentes productivos. Así, entendemos sin asustarnos que las lecheras cobren unas subvenciones por dejar de producir leche o que a alguien se le pague un dinero por dejar de sembrar viñas, de la misma manera debemos entender que es imprescindible hoy empezar a hacer políticas destinadas a que una cantidad determinada de gente deje de emplearse en el sistema productivo. Hoy no se necesita ni de lejos el 100% de la población para producir el 100% de lo que la población demanda. Hay que romper con ese círculo vicioso que resulta de la vinculación de supervivencia y empleo.

Un ejemplo muy claro para que se entienda: imaginemos una sociedad que cuenta con mil personas que producen todo lo que las mil personas necesitan, pero sólo se les permite estar en esa sociedad si trabajan produciendo. Un día la tecnología hace posible que sólo ochocientas personas puedan producir lo que necesitan mil. Doscientas se quedan sin trabajo y por tanto son expulsadas de esa sociedad. La sociedad ahora ya no necesita producir para mil personas, sino sólo para ochocientas, así que en realidad ya no necesita a ochocientas personas produciendo, sino solo a seiscientas cuarenta, por tanto ciento sesenta son expulsadas de la sociedad, pero ahora ya sólo tiene que producir para seiscientas cuarenta y por tanto sólo habrá trabajo para quinientas doce con la consecuente expulsión de ciento veintiocho personas más, y así sucesivamente hasta la autodestrucción absoluta. La realidad no es tan devastadora, el instinto de supervivencia frena este círculo vicioso, las personas no se dejan expulsar del sistema tan fácilmente, pero esto nos debería hacer entender que hay que desvincular ya la supervivencia del empleo. No se puede expulsar de la sociedad a nadie sólo porque no trabaje o estamos perdidos.

Una renta básica incondicional a toda la población es en estos momentos una medida necesaria, no sólo por pura humanidad y justicia, sino para evitar el desmoronamiento del sistema. Y creedme, a nadie le interesa que el sistema caiga. Si no conseguimos arreglar la locomotora sin pararla será peor el remedio que la enfermedad, pero creedme también cuando os digo que si no hacemos algo, y pronto, el sistema se vendrá abajo solito.

Para todos los que no sepan muy bien cómo funciona una renta básica y se planteen las lógicas obviedades de calcular el sueldo mínimo y multiplicarlo por el número de ciudadanos o aquello de que si a la gente le dieran un sueldo de supervivencia dejaría de trabajar o cualquiera de esos primeros problemas que te hacen pensar que la renta básica es algo muy bonito pero imposible, les recomiendo una pequeña búsqueda por internet sobre su financiación y otros aspectos. Descubrirán que su aplicación es mucho más factible y sencilla de lo que a primera vista parece y que en realidad la única cosa que se necesita para ponerla en marcha es la voluntad política de hacerlo.

El techo de producción del que hablo es un techo entendiendo la producción tal como lo hacemos ahora. Aparentemente sólo es el occidente rico el que ha alcanzado ese punto y se podría pensar que el resto del mundo tiene mucho espacio para crecer, pero esto no es del todo cierto, o al menos no lo es con el modelo productivo actual. El mundo no puede soportar a siente mil millones de occidentales derrochadores. Vivimos en un mundo finito y esto es inviable tanto energéticamente como en recursos naturales. Ya no se pueden construir ni más coches ni más casas, y aunque mañana programen las lavadoras para explotar a los seis meses y nos tengamos que comprar dos cada año, un día se acabará el material para fabricarlas o el petróleo que nos las trae a casa, sin embargo, hay mucho espacio para crecer en investigación médica, en ciencia, en tejido social, en cultura y arte, en ocio, en servicios etc., etc. Si entendemos que el gran valor del siglo XXI es el conocimiento y movemos el modelo en esa dirección estaremos salvados. Pero el conocimiento no es algo fácilmente monetizable, y menos hoy con internet, su producción se moverá mucho mejor en una economía del procomún, donde el estatus se obtiene a partir de lo que has aportado a la sociedad y no por el tamaño de tu cartera, para eso es importante desvincular supervivencia y empleo, dando así a los que quieran la oportunidad de explorar otros caminos y dando así, también, espacio a un nuevo paradigma cultural.

Lo siguiente muy urgente es que el estado recupere el control de la creación de dinero. Mi propuesta es la de emitir un dinero electrónico. No me refiero a bitcoines ni nada por el estilo, me refiero a un servidor central muy bien protegido donde se encuentre el dinero emitido por un país. Cada moneda sería un archivo seriado en el que pondría el nombre del propietario de esa moneda. Pondremos un ejemplo: yo estoy a punto de comprar una barra de pan, en el servidor central hay un archivo, con número de serie Nsd23j2m7 en el que pone que esa moneda es de Vicens Jordana. Al pagar la barra de pan el archivo inscribe una nueva línea en la que pone Panadería Martínez, la moneda ha cambiado de propietario.

Aunque esto parece muy novedoso, no es muy diferente del funcionamiento teórico del papel moneda con el patrón oro, sólo que adaptado a la tecnología actual. La posesión de un billete te acreditaba como poseedor de una cantidad de oro en tu banco central, huelga decir que esto siempre fue más teórico que real, pero esa era la idea. Lo que yo propongo es algo parecido, sólo que sin la necesidad de llevar ningún billete. El banco central ya no necesita un papel que demuestre que tú eres el poseedor de unas monedas, él ya tiene esa información y cada vez que realizas un pago o un cobro el servidor actualiza la información.

El estado crearía dinero nuevo que prestaría a los bancos para que estos se dediquen al negocio al que deberían dedicarse y al que la mayoría piensa que se dedican: a prestar dinero y ganarse la vida con los intereses. También podrían gestionar tus ahorros para hacerlos crecer y crear los productos financieros que se quiera, pero nunca tendrían la capacidad de inventarse ni una sola moneda. Es muy probable que un estado pudiera financiarse solo del dinero que han creado cada año en forma de créditos existiendo la posibilidad de llegar incluso a dejar de cobrar impuestos. También se debería estudiar la posibilidad de que, en caso de no ser el retorno de los préstamos dinero suficiente, cobrar los impuestos vía creación de nueva moneda. Como os he explicado al principio, la emisión de nuevas monedas disminuye el valor de las monedas que hay en la sociedad. Si creas un 20% más de monedas de las que existen, te quedas con casi el 20% de toda la riqueza existente, es decir, de cada moneda te quedas 20 céntimos, esté esta moneda en la Puerta del Sol, en un cofre en el fondo del mar o en las islas Caimán. Es una manera de crear un impuesto sobre el 20% de toda la riqueza absolutamente ineludible.

Esto es muy peligroso, es una manera demasiado fácil de financiarse. Si desvaloras demasiado el dinero desincentivas la creación de riqueza y aumentas mucho el precio de las importaciones, esto hace que el dinero que has creado para financiarte sea insuficiente y tengas que crear más, desvalorando otra vez el dinero y entrando en un ciclo que conduce a un periodo de hiperinflación. Por tanto, aunque es ésta una buena manera de financiar un estado ya que eliminaría todas las trabas que, más allá del dinero que cuestan, suponen los impuestos y haría imposible el fraude fiscal, por lo peligroso que es darle a un gobierno acceso a la manivela de la creación de dinero, deberían estudiarse con mucho detenimiento los mecanismos de control sobre éste y los límites seguros de creación de masa monetaria.

Esto, aunque a mi entender funcionaría, en el mundo real es imposible de poner en práctica de golpe. Supone un cambio demasiado drástico de modelo económico en una sociedad secuestrada por el sistema financiero. Yo aconsejaría un modo de aplicación gradual. El primer paso sería la creación de un fondo de dinero electrónico respaldado por un estado. Se podrían crear, por ejemplo, las e-pesetas. El valor de una e-peseta sería un céntimo de euro. El estado debería meter mil millones de euros en papel moneda en una caja cerrada, sacarlos del sistema financiero, enterrarlos bajo tierra para que nadie los pueda usar y convertirlos en e-pesetas. Esos mil millones serían el valor de respaldo que garantizaría que esas e-pesetas nunca van a tener un valor inferior a un céntimo de euro.

A partir de entonces se ponen a la venta las nuevas e-pesetas. Cuando tú te gastas un euro en comprar cien e-pesetas tu nombre se inscribe automáticamente en cien archivos de cien e-pesetas y el euro que tú has dado se guarda en una caja hipotética donde restará inmóvil, lejos del sistema financiero. Durante un periodo de tiempo se venderían las e-pesetas y ya está, pero a partir de que se pudieran hacer unas previsiones reales de la cantidad de e-pesetas que se venden al mes, se podrían crear créditos en e-pesetas cada mes por el valor de las e-pesetas que se espera vender, es decir que se crearían e-pesetas nuevas en función de los créditos que se otorgan.

En este momento del plan lo lógico es que cualquier persona que adquiera una cantidad de e-pesetas en forma de crédito las necesite vender en euros para poder usarlas. Estos euros no vendrían de la reserva de respaldo, sino de las nuevas compras de e-pesetas. Estos créditos, obviamente, deberían ser devueltos en e-pesetas, de tal manera que garantizamos que en el futuro al menos ese flujo de caja se mantenga.

Los créditos se concederían con unos intereses determinados. Estos intereses servirían para financiar los mecanismos propios del sistema, cubrir la posible morosidad y repartir dividendos entre todos los poseedores de e-pesetas. Sería la primera moneda que crece en tu bolsillo.

Habría que aplicar una política comercial muy intensa destinada a conseguir que la mayor parte de sitios posibles acepten las e-pesetas como moneda de compra-venta, esto no debería de ser muy difícil gracias al respaldo de la moneda. Sería muy importante que el estado la admitiera para el pago de impuestos y que, en el momento en que se alcanzara una masa crítica suficiente, la exigiera. También debería concienciarse a la población de lo importante del cambio de sistema monetario.

La idea básica es que lo que está haciendo esta nueva moneda es conquistar riqueza. Como hemos explicado al principio, el valor de una moneda es igual a la cantidad de riqueza que se mueve con esa moneda, dividido entre la cantidad de monedas que existen. Por tanto es muy importante aumentar la cantidad de cosas que se compran y se venden con esa moneda y emitir la cantidad de monedas necesarias para mantener la paridad euro / e-peseta.

Este sistema sería más sólido a medida que más riqueza se moviera en e-pesetas y más e-pesetas se crearían y circularían cuanto más sólido fuera el sistema. Se puede augurar que a partir de un punto crítico este crecimiento sería exponencial y muy rápido, dado que esta moneda al estar controlada, sería mucho más segura que cualquier otra. Llegaría un momento en que esa caja negra en la que se encierran los euros no usados ya no sería necesaria, pues el sistema ya se respaldaría por sí mismo y su riqueza. Ese sería el momento en que esos euros deberían ser destruidos o borrados y ya estaríamos hablando de una moneda de curso legal, una moneda que ya no se compra, sino que se convierte.

Sería una moneda controlada, que hace imposible el fraude fiscal e incluso el delito, que podría permitir la financiación de un estado sin necesidad de cobrar impuestos y unas tasas de crecimiento social sin precedentes. En realidad, es algo tan nuevo que todo con ella a partir de aquí son especulaciones, desde el fracaso absoluto y la perdida de mil millones de euros hasta la conquista de la economía mundial y el fin del sistema financiero tal como lo conocemos, todo puede suceder.

Hoy en día, metidos como estamos dentro de la Unión Europea y sometidos a unas legislaciones que pocas veces controlamos, no sé si un estado podría hacer algo así. Tampoco sé si lo podría hacer una entidad privada ni si debería hacerlo. Creo que si una propuesta como esta funcionara otorgaría un poder inmenso al que la controlara. Debería ser un ente público y democrático que se mantuviera en una profilaxis absoluta frente al mundo empresarial y financiero. Así que esto pasa forzosamente por una regeneración democrática pero, aunque tengo también mis reflexiones al respecto, aquí estoy pensando en economía y no en política.

Que nadie entienda nada de lo que he explicado como una verdad revelada ni nada parecido. Como he dicho al principio, pese a lo categóricas que puedan parecer algunas afirmaciones, son ante todo reflexiones. Un pequeño resumen sobre los caminos y vericuetos que ha tomado mi mente para cuadrar y dar lógica a todo un conjunto de informaciones sobre la economía que, desde mi punto de vista, no tenían ningún sentido.

Obviamente, todo es mucho más complejo que esto, que es una visión simplificada, pero a mí entender mucho más acertada que la comúnmente explicada. Mi dedicación fundamental es la de escribir ciencia ficción. Los escritores de ciencia ficción tenemos el vicio de plantearnos siempre cómo serían las cosas si… pero para entender cómo serían las cosas en situaciones hipotéticas primero debes entender porqué son como son en la situación actual.

Sigo lleno de preguntas y nada me garantiza que en la búsqueda de las respuestas no llegue a la conclusión de que todo lo que he pensado hasta ahora está equivocado, pero por ahora, todo lo dicho me parece muy coherente, por lo menos mucho más coherente que la explicación común de la economía. Solo espero que lo dicho funcione a modo de chispa para activar las reflexiones de personas mucho más instruidas que yo y con las herramientas necesarias para desarrollarlas con las que yo no cuento. Dicho esto, me despido de la realidad y me vuelvo al siglo XXXI, donde la humanidad está llegando, como ahora, a una encrucijada de esas en las que se decidirá cómo serán los siguientes mil años.

Vicens Jordana

27 de agosto de 2015

1 Graeber, D. (2014). The truth is out: money is just an IOU, and the banks are rolling in it. The guardian. Recuperado de: https://www.theguardian.com/commentisfree/2014/mar/18/truth-money-iou-bank-of-england-austerity

2 McLeay, M; Radia, A; Thomas, R. (2014). Money creation in the modern economy. Quarterly Bulletin, Bank of England, Quarterly Bulletin 2014 Q1. Recuperado de: http://www.bankofengland.co.uk/publications/Documents/quarterlybulletin/2014/qb14q102.pdf

3 Las decisiones tomadas por los individuos ante un problema concreto producen un efecto masivo que acaba deviniendo en una decisión colectiva sin que lo haya liderado ninguna mente individual. El fenómeno se estudió en los hormigueros al darse cuenta de la forma en que el hormiguero tomaba decisiones inteligentes como encontrar el camino más corto al alimento a partir de los comportamientos individuales de las hormigas sin que hubiera una que diera la orden o planificara el camino. Pronto este concepto se extrapoló a todo el reino animal para entender el comportamiento de grandes sociedades y es perfectamente aplicable a los humanos.

2 thoughts on “Un porqué sobre la economía y una posible solución

  • Hola, me parecen interesantes tus reflexiones y elucubraciones. Le falta mucho, claro, pero como primera aproximación para entender e interpretar lo que nos dicen sirve. Quizá de lo que deberías haber dicho algo es del tema de los intereses bancarios, que son los responsables de esta exigencia de crecimiento exponencial imposible, yo creo que mucho más que la evolución tecnológica como dices. Bien pero te escribo para sugerirte que mires la web de Dinero Positivo, que se dedican a pedir una reforma monetaria: http://www.dineropositivo.es

  • Genial e interesante pienso que es principalmente la politica la que toma estos abordajes tecnicos y los convierte en sus caprichos…

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