Me lo he encontrado hoy buscando entre archivos viejos y me ha gustado. Deduzco que lo escribí después del 11S o del 11M, no sé. Por como está redactado, sin mucha estructura y no muy pensado, se nota que lo vomité más que lo escribí. Seguro escuché alguna conversación que me sulfuró y llegué a casa con los dedos calientes, me suele suceder. El hecho es que he utilizado mucho y en muchas ocasiones la metáfora de los lobos y las ovejas, igual que la de los bandos en la partida de la vida, y seguramente nació aquí, en este texto, así que lo cuelgo.
Nosotros les oprimimos e invadimos sus hogares; les llevamos la miseria y destruimos sus casas. Es normal, y hasta justo, que pongan bombas en nuestros trenes y deseen nuestra muerte. No me es muy difícil escuchar argumentos como éste en bares o lugares públicos estos días y cuando lo hago se me revuelven las tripas. Me siento como esa oveja que oye a sus compañeras discutir entre cual de los lobos que se están peleando al limite del cercado es mejor, cuando es obvio que ellas son el botín por el que se pelean. Sí, es cierto que son muchos los hombres y mujeres oprimidos en este mundo y mucha la desgracia que se les ha creado, pero para cargarse de bombas hace falta dinero; para venir a occidente y hacer cursos de pilotaje hace falta dinero, un dinero que esos, que están oprimidos no tienen; un dinero que alguien les proporciona. Es cierto que si no fuera por la explotación cruel y sin escrúpulos por parte de occidente, a ciertos grupos sedientos de poder les sería mas difícil encontrar carne de cañón, pero no son los pobres explotados del mundo los que organizan actos terroristas, son grupos muy poderosos en una lucha por poder contra los que ahora cortan el bacalao en el mundo. En este tablero no hay dos bandos, no hay ni blancas ni negras, eso es una gran farsa montada para manipularnos, tanto por un lado como por el otro… o quizás sí que hay bandos, pero no son el de las blancas y las negras, son el de las fichas y el de los jugadores. Estamos nosotros, el pueblo llano, sometidos a nuestro azar diario, sin una capacidad real de decidir entre la vida y la muerte de nadie, ni la nuestra. Tanto los afortunados que vivimos en la cara bonita del mundo como los que mueren en las chabolas de Sudan, somos pueblo y nuestra fortuna o nuestra desgracia no nos pertenece. Son ellos, los jugadores, los que mueven las fichas, los que nos sitúan al volante de un mercedes o debajo de un chaleco de dinamita según les interese, son ellos los que juegan, nosotros sólo somos fichas en su tablero y hasta que todos seamos conscientes de esta realidad no podremos plantarnos y acabar con esta partida cruel que no causa más que sufrimiento.

Vicens Jordana

Texto publicado el 19 de octubre de 2010

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