Me veo obligado a escribir esto dados los innumerables debates sobre el futuro del empleo ante la ya inminente robotización de nuestra sociedad. Me veo obligado porque parece que las opiniones se han dividido en dos bandos muy claros, y, a mi entender, los dos están equivocados, al menos en su argumentación.

Por un lado tenemos a los optimistas. Éstos defienden que el avance tecnológico creará como mínimo los mismos puestos de trabajo que destruirá y se apoyan en el hecho histórico de que en términos absolutos nunca después de una revolución tecnológica ha habido menos puestos de trabajo que antes. Aducen que siempre la tecnología ha creado tantos puestos de trabajo como ha destruido.

Por otro lado tenemos a los pesimistas. Éstos defienden que la revolución tecnológica que está por llegar no se parecerá en nada a las anteriores. El ritmo de destrucción de trabajo será tan rápido que impedirá a la sociedad adaptarse a la suficiente velocidad. Además argumentan que todas las revoluciones tecnológicas hasta la fecha no destruían mano de obra no cualificada, así, alguien que arreglaba carretas o herraba caballos se podía adaptar fácilmente a la cadena de montaje de la Ford y de ahí ser transportista de MRW para luego empaquetar calzoncillos para Punto Blanco y finalmente ser mozo de almacén en El Corte Inglés. Sin embargo, a partir de ahora todos estos trabajos los hará una máquina y la mano de obra no cualificada dejará de ser necesaria.

Bien, yo, aunque me posiciono en el bando de los pesimistas no comparto los argumentos de estos para serlo. Sí, nos dirigimos irremediablemente hacia un futuro de empleo escaso donde la renta básica va a ser una necesidad, pero la culpa no es de las máquinas, la culpa es de los bancos y del sistema monetario y, claro, por responsabilidad, también de nuestros políticos.

Lo primero que deberíamos hacer es desmontar la premisa que esgrimen los optimistas. La tecnología nunca ha creado, ni de cerca, los mismos puestos de trabajo que ha destruido. Es obvio que el tractor creó un oficio, tractorista, que no existía, pero la cantidad de tractoristas era muy, muy inferior a la de los jornaleros que sustituyó. Sin embargo lo que no se puede negar es que la cantidad de empleo antes y después de la llegada del tractor era muy parecida. El número de puestos de trabajo se mantuvo y esos puestos de trabajo hicieron uso de esa nueva tecnología, pero eso no quiere decir que la causa de esos nuevos puestos fuera la tecnología, de la misma manera que el hecho de que yo esté escribiendo esto en un ordenador y no en una máquina de escribir no es la causa de que lo esté escribiendo.

Me doy cuenta de que parece que me esté contradiciendo cuando digo que la tecnología destruye puestos y que sin embargo la cantidad total de puestos no disminuye y que éstos utilizan la nueva tecnología, pero esto es porque una buena parte de la narrativa permanece oculta.

Para comprender que lo que digo no es una contradicción primero es necesario entender cómo funciona el dinero y cómo influye en la creación de riqueza. El ser humano es un animal eminentemente expansivo, lo es no solo territorialmente, sino también en conocimiento y en acumulación de riqueza. Eso traducido quiere decir que estemos en la situación que estemos siempre habrá gente atenta a todos los recursos disponibles estrujándose el cerebro para encontrar la manera de sacarles rendimiento.

De todos los recursos el más valioso hasta ahora siempre ha sido el trabajo humano, el tuyo propio y el de los demás. El problema es que para utilizarlo necesitas dinero, ni siquiera tú mismo puedes trabajar sin dinero, mucho menos hacer trabajar a los demás. Cuando a principios del siglo XX un campesino decidía cambiar a sus veinte jornaleros por un tractor no lo hacía por amor a la tecnología, lo hacía porque había hecho sus números y eso le permitía ganar más dinero, pero sobre todo lo hacía porque tenía un patrimonio que podía poner como aval y conseguir un crédito. Gracias a eso el sueldo de veinte jornaleros era sustituido por el precio de un tractor y un tractorista. Este dinero que no cobraban los jornaleros se lo repartían a partes desiguales, el fabricante del tractor, el dueño de la tierra y el banco, pero además el banco acababa de poner en circulación el dinero del préstamo que antes no existía, es decir, había aumentado la cantidad total de dinero que existía en la sociedad hasta ese momento. Sí señores, los reyes magos son los padres y los bancos privados crean el dinero a través de la deuda sin ninguna estrategia política más allá del propio interés. Es duro darse cuenta de estas verdades, pero hay un momento en que ya no las puedes ignorar.

Lecturas sugeridas: 1. The truth is out: money is just an IOU, and the banks are rolling in it. 2. Money creation in the modern economy. 3. ¿Quién y cómo se crea el dinero?. 4. Un porqué sobre la economía y una posible solución.

Para que entendamos como quedaba la sociedad después de que el campesino hubiera comprado el tractor. Veinte personas quedaban desocupadas (los jornaleros), y tres personas se hacían más ricas con el dinero de los jornaleros y el creado por el banco, obviamente unos más que otros (el banquero, el fabricante y el campesino). ¿Y qué desean la mayoría de humanos que acaban de ganar un dinero extra que no necesitan para vivir? Pues claro está, conseguir más dinero con ese dinero. ¿Y qué hacían estas personas para ganar más dinero? Pues contratar con el dinero que la tecnología les había proporcionado a esos jornaleros que gracias a la tecnología habían quedado libres para que hicieran cualquier otra cosa que les pudiera generar ganancias. Desgraciadamente los empresarios nunca han tenido una visión demasiado social del beneficio y enfrascados como andan en la competencia con otros empresarios siempre les ha costado bastante entender que sin un reparto del beneficio mínimamente justo la demanda siempre sería escasa y por tanto sus beneficios también.

Afortunadamente las grandes concentraciones fabriles que permitieron la organización de los trabajadores en grandes sindicatos, la necesidad cada vez mayor de un trabajador educado que pueda manejar la tecnología y unas cuantas cabezas que rodaron por las alfombras de algunos palacios, sobre todo de Rusia y China, introdujeron un poco de justicia en ese trato, no mucha, pero al menos la suficiente como para aumentar la demanda de bienes. Esto llevó a un aumento de la necesidad de mano de obra y a un aumento del crédito para dotarla de infraestructuras y tecnología. Esta mano de obra mejoró sustancialmente sus condiciones y se convirtió en un valor que podía servir como aval a un préstamo. Fue así como el crédito saltó esa barrera de los propietarios y llegó a los trabajadores. Gracias al crédito ahora un trabajador se podía comprar un coche o una casa, pero gracias a esto también podía comprar una licencia de taxi, montar una peluquería o una pequeña escuela de idiomas. Hasta ese momento la mayor parte del flujo del dinero siempre había dado vueltas entre la sociedad de base y la sociedad rica propietaria, pero ahora esa sociedad de base empezaba a ser también un poco propietaria y el dinero habría nuevos flujos y caminos a través de ella. La frontera entre las dos sociedades se estaba volviendo difusa y los caminos del dinero se diversificaban. De repente el dinero pasaba por gimnasios, sastres, médicos, fotógrafos, criadores de perros, señoras de la limpieza, etc. que tenían por clientes a otras personas dentro de la sociedad de base y no a ricos.

La razón por la que se abría un gimnasio no tenía directamente nada que ver con la tecnología, tenía que ver con el dinero. El crédito había metido suficiente dinero en la sociedad como para llenar todos esos caminos. Un hombre se sentaba en su casa y mirando por la ventana pensaba en qué podían necesitar o desear sus vecinos y entonces creaba su negocio. El dinero fluía de sus vecinos hacia él, de él a sus trabajadores y de sus trabajadores a sus vecinos, pero para que esto pudiera suceder se tenía que crear el dinero suficiente para que sucediera y además ese dinero debía estar cerca de él. De nada le servía a este señor que el dinero nuevo estuviera en un lugar al que ni directa ni indirectamente tuviera nunca acceso.

Voy a explicar esto a través de una metáfora, la llamaré: la metáfora de las pelotitas. Me gustaría que imaginarais a un grupo de cien personas en un campo de fútbol distribuidos aleatoriamente. Ahora introducimos quinientas pelotitas en el campo. El juego consiste en hacer una monería cuando alguien te haga una señal, y si a ese alguien le gusta tu monería te pasa una pelotita. Con quinientas pelotitas para cien personas a todos les apetece jugar. Hacen señales y si les gusta la monería les dan una pelotita, total, tienen más. Incluso en esta situación habrá personas que por su falta de gracia, por monerías que hagan no les pasarán pelotitas y tenderán a ir perdiéndolas hasta que les quede una. Cuando eso suceda ya no le harán señales a nadie, ni harán monerías, habrán sido desplazados del juego, ya no jugarán, pero con quinientas pelotitas para cien personas esto sucederá en pocas ocasiones.

¿Qué pasa si retiramos del juego la mitad de las pelotitas? Con doscientas cincuenta pelotitas para cien personas tocan a la mitad de pelotitas por persona. Pero con seguridad esas doscientas cincuenta pelotitas que quedan no se distribuirán de forma uniforme. Lo más probable es que la cantidad de personas que se quedan sin pelotitas y sean desplazadas del juego aumente mucho. Con probabilidad más del doble. Los que tengan pelotitas al darse cuenta de la crisis de pelotitas se volverán más conservadores y buscarán intercambiarlas solo con los que vean que tienen más pelotitas. Los más graciosos y con más pelotitas se irán agrupando en un rincón del campo y allí las pelotitas circularán igual que antes entre menos personas, mientras en otras partes del campo permanecerán los desplazados que no tienen pelotitas para ofrecer. En esos lugares por gracioso que seas nadie te va a pasar la única pelotita que tiene. El juego allí estará estancado, detenido, no habrá circulación de pelotitas. Mientras, al otro lado del campo, en un pequeño grupo, las pelotitas circularán a gran velocidad. El juego será dinámico e incluso los menos graciosos podrán participar de él.

Los bancos crean dinero a través del crédito, cuando un banco te presta cincuenta mil euros no los saca de los depósitos que tiene, simplemente escribe en sus cuentas menos cincuenta mil euros, luego tú, como es lógico, no guardas ese dinero debajo del cojín, sino que lo ingresas en el banco, de tal manera que como el banco contabiliza ese dinero como depósito escribe en sus cuentas más cincuenta mil euros, es decir, que para el banco sus cuentas están a cero, pero para la sociedad hay cincuenta mil euros más circulando que antes no estaban. Ese dinero nuevo no crea inflación ya que nace paralelo a la expansión de la economía. Para que lo entendamos, el dinero simboliza riqueza. Si aumentas la cantidad de dinero, pero no aumentas la cantidad de riqueza quiere decir que más dinero simboliza la misma cantidad de riqueza, así que el dinero vale menos y todo nos sale más caro. Si tu das crédito para montar un negocio o para comprar algo, es decir, hacer que alguien construya algo que antes no existía, aumentas la cantidad de dinero al mismo tiempo que la cantidad de riqueza de tal manera que el valor del dinero se mantiene.

El problema es que los créditos hay que devolverlos. Normalmente eso no es un problema ya que el flujo de concesión de créditos se mantiene, así que aunque unos se devuelvan otros nuevos aparecen, lo que pasa es que cada cierto tiempo la avaricia toma el control, los créditos se dan para especular y no para crear riqueza. Si compras algo por un valor y lo vendes más caro sin ofrecer ningún servicio ni valor añadido a lo que estás vendiendo solo estás robando valor al dinero de todos los demás. A esto lo llaman burbuja y cada cierto tiempo explota, los bancos se asustan y dejan de dar nuevos créditos. El dinero empieza a desaparecer de la sociedad y ya no hay dinero para todos, las pelotitas desaparecen y negocios que eran rentables dejan de serlo o ciñéndonos a la metáfora, por gracioso que seas ya a nadie a tu alrededor le sobra ninguna pelotita para lanzarte. Normalmente cuando pasaba esto los bancos centrales salían al rescate emitiendo dinero y convirtiendo el dinero ficticio de los bancos en real hasta que todo se normalizaba y el crédito volvía a fluir.

A parte de esto hacia la sociedad de base fluía una cantidad muy grande de dinero en forma de sueldos, los más ricos necesitaban de esa sociedad para producir la riqueza que luego les vendían y gracias a eso el tejido económico creado en épocas de bonanza se mantenía. Hay que decir que como hemos dicho antes la lógica de la empresa es inmediata y competitiva, nunca social. Aunque un empresario aislado tuviera cierta conciencia social la lógica del mercado le impediría ser relevante. Así, ese flujo no llegaba a la sociedad de base por ningún tipo de estrategia económica, sino por obligación.

Algunos gobiernos motivados por economistas inteligentes sí ponían en marcha ciertas estrategias para mantener el flujo económico hacia la sociedad de base y de esta manera impedir que esta se quedara sin dinero. Cobraban impuestos a los ricos para construir grandes obras públicas en las que trabajaban miles de personas, que cobraban miles de sueldos. Esto cumplía tres funciones: primero, significaba una inyección de dinero directo en esa sociedad de base. Segundo, al aumentar la oferta de trabajo mantenía un equilibrio entre la oferta y la demanda de empleo haciendo que los que todavía mantenían el trabajo lo hicieran en unas condiciones adecuadas y tercero, eso devolvía la solvencia a los asalariados, aumentaba la confianza y conseguía que el crédito volviera a fluir.

Un pequeño resumen:

La tecnología destruía puestos de trabajo liberando mano de obra al mismo tiempo que aumentaban los beneficios de la clase propietaria. Estos beneficios servían para contratar a los trabajadores que había liberado la destrucción de puestos de trabajo con la intención de generar nuevos beneficios. Esto junto con algunas circunstancias políticas estabiliza, da solvencia y por tanto acceso al crédito a la sociedad de base, haciendo posible que nazca una economía en ella. Esa nueva economía no está directamente creada por la tecnología, sino por la inyección de dinero y la liberación de trabajadores que la tecnología produce. Los nuevos trabajos no son creados por la tecnología. Entrenadores de fútbol, jardineros o masajistas son ejemplos entre muchos que demuestran que la razón de esos nuevos trabajos no es ninguna necesidad tecnológica, sino que surgen por la expansión de la economía gracias a la liberación de mano de obra y la inyección de dinero en forma de crédito.

Obviamente estamos hablando sobre todo de la sociedad occidental. El resto del mundo es otra cosa que se ve muy influenciado por este proceso, pero su evolución sigue otros derroteros y por tanto requiere de otras reflexiones.

Y así llegamos a los años 90 y a la primera década del siglo XXI, la que podría ser la cumbre de la expansión económica de la sociedad de base. A mediados de los años 90 el abaratamiento del transporte provoca una fuga de la mayoría del tejido industrial hacia otras zonas deprimidas del mundo para abaratar los costes de producción. Industrias enteras como el textil desaparecen de nuestra sociedad, millones de trabajos se evaporan y sin embargo superamos ese estadio sin dificultad. La economía de la sociedad de base es fuerte y el crédito fluye sin control llenando la sociedad de dinero. Mucho de este dinero crea riqueza, tanta que puede absorber durante muchos años que la mayoría de este crédito fluya hacia la especulación. Hasta el año 2008 en que todo peta.

Aquí ya se me hace prácticamente imposible avanzar sin explicar primero como divido la sociedad en dos grupos. Imagino que me habéis escuchado hablar sobre la sociedad de base y en ningún momento habréis leído nada sobre el proletariado ni sobre la clase trabajadora y mucho menos sobre la clase alta. Mi crítica a la estratificación por clases de la sociedad merecería un artículo en sí mismo, pero resumiendo, este tipo de estratificación solo cumple funciones emocionales y tribales, sobre todo muy convenientes a los que se creen en la parte de arriba. El concepto clase trabajadora podía ser más o menos exacto a finales del siglo XIX y principios del XX y quizás cumplió con su tarea cohesionadora en unas luchas políticas determinadas, pero resulta muy ineficaz para analizar la sociedad desde un punto de vista económico. El espacio económico y social que ocupa un trabajador de la JVC es el mismo que el del dueño del bar donde come y que el del profesor de inglés que le da clases particulares a su hija. La condición formal y legal de trabajo por cuenta propia o ajena no es relevante en este tipo de análisis.

Desde mi punto de vista hay dos sociedades muy claras, pero con una frontera muy difusa entre ellas. Una, a la que llamo sociedad de base, está compuesta por la mayoría de la sociedad y consume la mayor parte del dinero que produce en existir de la mejor manera que puede. La otra produce un superávit muy grande de dinero que puede poner a trabajar y a producir dinero por su cuenta. Este dinero se utiliza fundamentalmente para crear más dinero y no para vivir y al no ser consumido por el quehacer cotidiano tiene la capacidad de crecer de forma exponencial. No hablo del nivel de vida que se lleve ni son importantes en esta diferenciación los lujos o la cantidad de dinero que se pueda gastar en el día a día, sino del dinero que sobra después de esto y que se puede usar en montar un negocio, comprar acciones, etc. Cualquier tipo de división social siempre será inexacta y llena de matices y excepciones, pero creo que es fácil comprender que hay un tipo de personas que invierte su tiempo y su dinero en vivir o mejorar su vida y otros que lo hacen para hacer crecer su cuenta corriente sin que eso afecte sustancialmente al tipo de vida que llevan. Simplificando diríamos que están los que les sobra el dinero y los que no. Los ricos y los otros, la sociedad de base.

Es a mi entender importante esta diferenciación porque la capacidad para extraer dinero de la sociedad y movilizarlo del grupo de los ricos es tan grande que pese a ser casi despreciable en lo concerniente a su número su capacidad para incidir en la sociedad es muy relevante. Los comportamientos de ambas sociedades son muy diferenciados, su análisis es imprescindible para entender lo sucedido. Además, hay que tener en cuenta que la sociedad de los ricos tiende ha separarse de la sociedad de base y a tener sus propios circuitos de dinero muy diferenciados del resto. En mi metáfora de las pelotitas serían los graciosos que se quedan en un rincón del campo pasándose las pelotitas entre ellos.

Dicho esto volvemos a donde estábamos. A estas alturas creo que ya se puede entender por qué digo que la tecnología siempre destruye puestos de trabajo y por qué esto nunca ha resultado en una disminución del empleo total. Ahora vamos a analizar que ha cambiado en esta situación y por qué creo que lo que ha sucedido hasta ahora no volverá a suceder.

Lo primero que hay que comprender es que cuando una persona invierte dinero para hacer más dinero este dinero tiene tres caminos, la rentabilización de un bien, la rentabilización de la mano de obra y la especulación pura y dura. Normalmente se habla de rentas del capital, como si todos los capitales y lo que se hace con ellos tuvieran el mismo efecto sobre la sociedad. La rentabilización de un bien sería el que tiene casas, por ejemplo, y las alquila. La rentabilización de la mano de obra sería el que posee una infraestructura con capacidad para poner a trabajar a personas y obtener beneficios de su trabajo, por ejemplo el que tiene una constructora y construye casas. Y el especulador puro y duro es el que compra y vende, pero no produce nada ni ofrece nada a la sociedad, por ejemplo, el que compra casas y las mantiene cerradas un tiempo esperando a que suban de precio para venderlas.

Hay que entender que todos, incluso el especulador puro, demandan mano de obra, aunque solo sea en el consumo de la riqueza que tienen, administradores, restaurantes, etc. Pero el
consumo vital de estas personas, por derrochadoras que sean, dado lo despreciables que son numéricamente, no es relevante en la sociedad.

El primer caso, el que rentabiliza una riqueza de forma aislada pone a disposición social un bien del que obtiene unos réditos, pero el dinero sobrante que se puede obtener de esto no tiene un retorno en forma de sueldos a la sociedad de base, pero si lo tiene como consumo dependiendo de la escala. La escala es muy importante en los tres casos. Pondré un ejemplo: si alguien tiene tres casas en alquiler que le proporcionan dos mil euros al mes estos dos mil euros con toda probabilidad nunca saldrán de la sociedad de base pese a no generar ningún salario. El que los cobra los gastará en su entorno inmediato y dentro de la sociedad que le envuelve. De tal manera que esos euros seguirán moviéndose y creando economía dentro de la sociedad de base, es decir puestos de trabajo. En cambio si alguien tiene treinta casas y cobra cada mes veinte mil euros lo más probable es que ese dinero se desplace directamente a ese rincón donde habitan los ricos y tome ese circuito muy pequeño y aislado en el que circula mucho dinero, pero al que muy pocos tienen acceso.

Lo mismo se podría decir del segundo caso, una constructora con cinco trabajadores construye casas. El dueño posee unos bienes que rentabiliza dentro de una infraestructura que cuenta con cinco empleados. De todo esto obtiene una rentabilidad. Entre sus gastos habrá cinco sueldos, de tal manera que una cantidad importante de dinero se pondrá en movimiento en la sociedad creando riqueza. El que compra la casa habrá pedido un crédito en base a un trabajo fijo que tiene y al valor de la futura casa, esto supondrá la creación por parte del banco de una cantidad determinada de dinero que no existía antes y que en su mayor parte irá a parar a manos del constructor. Este a su vez repartirá el dinero entre sus proveedores y sus trabajadores quedándose una parte. Entre sus trabajadores hay uno que está pensando en casarse, y con su novia, que también tiene trabajo, se plantean comprar una casa. El otro es muy joven y un forofo de los vídeojuegos igual que el hijo del constructor y se gastan una buena parte del dinero en un nuevo club gamer que ha abierto en el pueblo Pedro, un amigo común de ambos. Está claro que un club gamer es un negocio que maneja tecnología de última generación. Uno puede tener la tentación de pensar que es la tecnología la que ha creado ese negocio y los puestos de trabajo que conlleva, pero la verdad es que no es así, lo mismo habría podido ser un club de petanca o de pádel. La razón por la que existe es porque tanto el trabajador como el hijo del constructor tienen dinero para gastarse en él, y ellos tienen dinero porque alguien con un trabajo estable pudo pedir un crédito, generar una creación nueva de dinero que llegó al constructor, de ahí a su hijo y a su trabajador, luego al club gamer y de ahí salto tras salto a toda la sociedad de base pasando por la empresa que da trabajo a la pareja que ha comprado la casa.
Pero y si la constructora es una multinacional. El dueño ya no vivirá en nuestro pueblo, si es que existe uno, lo más probable es que sea una sociedad de inversores que cobren muy lejos del lugar donde los empleados ejecutan el trabajo. Igual que explicaba antes con el propietario de tres o de treinta casas, la escala es fundamental para que el dinero se quede en la sociedad de base o se vaya hacia esa minoría rica.
Es necesario entender que la constructora rentabiliza unos bienes y una mano de obra. Los bienes son en una empresa útiles de trabajo, desde el local donde se almacena lo necesario para trabajar hasta el camión o las herramientas. Esto es muy importante porque a medida que la tecnología avanza una empresa va sustituyendo sueldos por bienes rentabilizables.

Nuestra sociedad ha llegado a un estadio en que el bien industrial ha tocado techo, por saturación del mercado o por simple sentido común ecológico ya no se puede aumentar más la producción de bienes industriales. El crecimiento económico se dirige hacia el sector de servicios, información y tecnología que son sectores que requieren muy poca mano de obra, Twitter o WhatsApp pese a dar servicio a miles de millones de personas ni siquiera superan los doscientos trabajadores.

En estos momentos los que quieren hacer más dinero con el dinero que les sobra invirtiendo en los viejos sectores cada vez necesitan menos del trabajador. La inversión en herramientas e infraestructura es cada vez más alta respecto a la mano de obra. Y si tienes acceso a grandes créditos puedes obtener una tecnología con la que las empresas más pequeñas dentro de la economía de base no pueden competir. Eso impide la circulación del dinero de la sociedad de ricos a la sociedad de base, no solo por la disminución de sueldos, sino por lo que explicaba antes de la escala. Cuando las empresas son muy grandes los beneficios se quedan lejos de la economía de base. Todo esto porque la ley de oferta y demanda deprecia el valor del trabajo que todavía queda activo y en consecuencia le resta solvencia para conseguir crédito disminuyendo la cantidad de dinero en circulación en la sociedad de base.

Hoy los beneficios que produce la tecnología ya no se convierten en dinero para asalariados que den solvencia y permita un crecimiento y una expansión económica de la economía de base. Las viejas estrategias de los gobiernos de invertir en obra pública ya no funcionan. Antiguamente la construcción de una autopista implicaba a miles de personas. La primera gran migración que llegó a Barcelona fue para la construcción de los primeros tramos del metro. Hoy todos hemos visto las obras de una autopista o carretera y hemos podido comprobar a simple vista la poca gente que trabaja en ellas. Sí, en cambio, vemos grandes máquinas que son en realidad bienes rentabilizables por los ricos. Hoy hacer una autopista, lejos de suponer un trasvase muy grande de dinero desde la zona rica hacia la sociedad de base es simplemente otra manera de enriquecer a los que ya tienen mucho.

La fuga del tejido industrial a países más económicos y la tecnología ha reducido considerablemente las grandes masas de asalariados y los ha fraccionado en empresas más pequeñas, reduciendo con esto el poder de la negociación colectiva, y la amenaza del paro reduce también la individual. Esto rebaja todavía más la participación de los trabajadores en los beneficios y reduce, por tanto, el flujo de renta que estos pueden meter en la sociedad de base y, en consecuencia, su solvencia para conseguir crédito, es decir dinero nuevo.
Además la tecnología ha permitido una financiarización de la economía y la creación de una infinidad de mecanismos financieros que hacen la especulación muy rentable hasta el punto que incluso la capitalización de los procesos productivos, léase inversión en bolsa, por ejemplo, se produce en la mayoría de los casos con objetivos especulativos. La razón por la que se compran acciones de una empresa no es la de invertir en ella para luego cobrar unos dividendos, la verdadera intención es comprar para que suba de precio y luego vender. Hace diez años una acción cambiaba de manos de media una vez cada cuatro años, hoy lo hace cada veintitrés segundos. Hemos convertido nuestra economía en una especie de casino gigante global.

Por otro lado la creación de dinero en forma de deuda no responde a ningún tipo de estrategia general, sino a la obtención de un beneficio, por tanto los créditos se desplazan a donde son más seguros. Hoy comprar y vender es mucho más seguro que producir. Si la situación se sostiene es porque la productividad de las empresas es tan alta gracias a la tecnología, que hace que pese a que la desigualdad no pare de crecer y que cada vez baja menos tanto por ciento de la riqueza a la sociedad de base, dado el aumento total de la riqueza ese tanto por ciento puede disminuir sin repercutir esa disminución en el total de la bajada. Si antes recibías el cincuenta por ciento de cien y ahora recibes el diez por ciento de cuatrocientos ves que las cosas empeoran, pero no llegas a ser consciente del nivel real de tu pérdida.

Una manera de solucionarlo sería crear más dinero en forma de crédito e introducirlo en la sociedad de base de forma dirigida. Pero el dinero y su creación no está en manos de los políticos que acaban danzando al dictamen de los banqueros que son quienes realmente deciden. Como he dicho antes no es que las cosas fueran bien por ningún tipo de estrategia. La economía de la sociedad de base tuvo su expansión fruto de circunstancias históricas totalmente casuales y no por ningún tipo de estrategia ni intención. Hoy las únicas estrategias posibles pasan por el aumento de impuestos sobre los beneficios sobrantes para meterlos en la sociedad de base en forma de becas, renta básica, subvenciones y gasto social ya que es este el único margen de movimiento que tiene un gobierno.

La sociedad debería hacerse con el control del dinero y elaborar estrategias efectivas para expansionarlo en la dirección adecuada. El crédito es una forma muy efectiva de crear dinero siempre y cuando sea dirigido de forma estratégica a la expansión económica y no fluya nunca hacia la especulación.
También es importante que la cantidad de dinero en la sociedad sea la adecuada para mantener una inflación controlada. Esto en el estadio actual de la economía mundial es mucho más utópico que cualquier renta básica. La creación de dinero y su control no depende de ninguna decisión tomada por nadie ni en ningún sitio. Es el resultado de la suma de circunstancias, egos y avaricias individuales que aunque puedan parecer decisiones de algunos políticos o grupos concretos no dejan de ser solo el resultado de las sinergias que les empujan y obligan en función de ambiciones y supervivencias. En el estadio actual una apuesta por la renta básica y un gasto social es mucho más posible y efectivo para superar la crisis en la que estamos que enfrentarnos desde nuestras fraccionadas sociedades al poder financiero global.

No le echemos la culpa a las máquinas ni a la tecnología del futuro de precariedad al que nos acercamos. La capacidad de los humanos para ocuparse y encontrar la manera de ser útiles a los demás es infinita. No existe un paradigma en el que las personas se queden sentadas mirando el cielo porque las máquinas lo hacen todo y ya no tenemos nada que hacer, lo único que necesitamos para seguir teniendo trabajo es un marco social y económico que nos lo permita. Si nos quedamos sin trabajo no es culpa de las máquinas, es culpa de los bancos y sobre todo de nuestros políticos.

Vicens Jordana
31 de julio de 2017