La raza del mal, así nos llamamos, porque eso es lo que somos. La maldad es nuestro génesis y es importante que ninguno de nosotros lo olvide jamás, esa es nuestra penitencia.

Hoy, hijo mío, ha llegado el momento en que la verdad te será revelada. Por eso te han traído a mí. Yo soy el mensajero del diablo. Hoy has hecho la pregunta, y es por eso que te han traído a mi presencia, pues es mi misión trasladarte la culpa de nuestro creador. Y la culpa está en la respuesta. La entenderás y vivirás con ella como hemos hecho todos, generación tras generación, desde aquel día.

¿Por qué somos la raza del mal? ¿Por qué nos auto denominamos los malignos? Esa es la pregunta que todo padre espera que un día haga su hijo y es por eso que tú estás aquí. Porque tu has hecho esa pregunta.

Tú no sabes que es la policía, porque jamás la has visto, tampoco sabes que es un ejército porque hoy tampoco existen. Nunca has visto a nadie morir de hambre. Todavía crees que la definición de hambre es, la sensación que nos avisa de que es hora de comer, y así te podría contar muchas atrocidades sobre el viejo mundo que tú jamás has conocido y espero que nunca lo hagas. Hoy los hombres y mujeres de nuestra amada tierra viven sin miedo. Crecemos y vivimos en paz con nuestros compañeros de viaje, los demás seres vivos que habitan este planeta. La felicidad o infelicidad de cada uno depende de sus propias decisiones. Somos una raza feliz de gente bondadosa y honrada, pero si hoy la vida es así de placentera es gracias al maligno, nuestra bondad es hija del mal y debemos llorar por ello.

Seis mil millones de humanos poblaban la tierra en tiempos del maligno. Era un mundo cruel donde muy pocos gozaban de su tiempo. La gente era tan sucia en su interior que jamás miraban hacia adentro. El hombre causaba la muerte al hombre y expoliaba la tierra sin ningún respeto a los que junto con él la habitaban.

Él, el maligno, odiaba su mundo; odiaba la maldad de sus contemporáneos, y luchó toda la vida para cambiar un mundo que se devoraba a si mismo y al final encontró la manera.

El gen llamado RB27 portaba lo que el llamaba, estupidez emocional. La estupidez emocional provocaba en los seres humanos una incapacidad para el auto análisis y un miedo atroz a uno mismo, estos hechos hacían que un ser humano que portara este gen fuera incapaz de tomar las decisiones necesarias para conseguir la felicidad. Su infelicidad sumada a la incapacidad para aceptar sus propios errores llevaban a las personas a buscar inconscientemente las causas de ésta en el exterior, el resultado era en los mejores casos ignorancia premeditada y en los peores el odio y la intolerancia que llevaba a los seres humanos incluso hasta la maldad extrema. Según el maligno el primer caso podía llegar a ser más peligroso que el segundo. La capacidad humana para ignorar premeditadamente lo que les dolía saber hacía que los que habían desarrollado su enfermedad hasta la maldad extrema pudieran ejecutar actos de una atrocidad exagerada con total impunidad.

El gen que luego llamamos “Caín” causó la enfermedad mas mortífera que se ha conocido en la historia de la humanidad y estuvo presente en el hombre desde, creemos, el año menos diez mil de la época antigua hasta su descubrimiento por el maligno en el año 2017.

Dedicó su vida a la curación de esa enfermedad, pero en sus 40 años de investigación no fue capaz de encontrar una cura, lo que si encontró fue “la ira de Dios”. Ese era el nombre de un virus que tardo 8 años en desarrollar. Permanecía latente en el organismo durante dos años, se trasladaba por el aire y todos los animales podían portarlo. Antes de que nadie se diera cuenta todos los organismos que respiraban aire en este planeta eran portadores.

En un primer momento no representaba ningún problema, se alojaba en el estómago y se alimentaba de materia muerta hasta que al cabo de dos años aproximadamente el organismo aprendía a combatirlo y lo destruía. Por desgracia en los organismos que contenían el gen “Caín” el virus mutaba asociándose al gen en cuestión rompiendo la cadena de ADN y llevando a la persona a una muerte rápida pero agónica, muy parecida a la muerte por exposición fuerte a radiación nuclear.

Cinco mil quinientos millones de personas murieron en el plazo de un año, la mayoría por la “ira de dios”, pero muchos más por las enfermedades que se generaron a raíz de tanta mortandad y por la desestructuración social que se produjo, que trajo muchos años de hambrunas.

El maligno murió también víctima de su propia creación. Muchos fueron los considerados sabios que murieron esos años y muchos los considerados locos o retrasados que sobrevivieron.

Ese es nuestro génesis, pequeño, somos los hijos del mal, él nos creó a conciencia y por nuestra existencia miles de millones de personas perecieron. Esa es nuestra culpa. Una culpa que a partir de hoy tú, como cada uno de nosotros, llevará sobre su conciencia. Sus últimas palabras fueron:

Muero feliz de saber que he creado una raza que aborrecerá su creación y que hará de mi lo que he sido… el último monstruo.

Vicens Jordana


Guardar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *