Hoy me he despertado con la certeza de la muerte, pero sigo con vida, debería dar gracias por alargar esta agonía un día más. Son muchos aquí los, que como yo, comparten cada día conmigo esta certeza. Hoy no ha caído nadie, hemos sido afortunados. Pero sé que ninguno de nosotros bajará la guardia por un día tan inusual como éste. Sabemos que vivimos acechados por la muerte. Salimos allí afuera con plena conciencia de que detrás de cada esquina puede acabarse todo. El terror forma parte de nuestras vidas, el dolor es habitual, sólo continuamos por un extraño e ilógico instinto de supervivencia que intenta rebatir la obviedad de nuestro fin. Nos agarramos a las drogas para soportar una vida al borde de la muerte…, pero es que aquí se está tan solo…

La semana pasada Ramón Vidal recibió carta de su hija y yo me sentí mal por tener envidia de alguien al que llamaba amigo…, pero… es que de los míos ya hace tiempo que no recibo noticias y estoy preocupado… ¿estarán bien? No debería preocuparme por ellos, han aprendido a vivir sin mí. Saben, como yo sé, que de aquí no vuelve nadie. Hoy Ramón ya no está, murió hace dos días. A veces pienso que se me van a agotar las lágrimas… sin embargo no lo hacen. No sólo eso, sino que cada vez lloro más, parezco un… no, lo soy.

Soy un niño pequeño que arrastra la memoria de una larga vida. Tengo la dignidad perdida del que un día fue fuerte; del que los tuvo a todos a su cargo; del que lloraban gritando su nombre. Soy un niño camino del útero que ya no va a crecer; que tiene miedo… y no hay mano a la que agarrarse ni un padre que te aúpe. Hoy no ha muerto nadie aquí, en el asilo, pero tengo noventa y dos años y mañana, igual que hoy, me despertaré con la certeza de la muerte.

Vicens Jordana



Guardar

5 thoughts on “Certeza de la muerte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *